La obsesión de la permanencia

Dulce sensación.
La música que pongo aliviará tu mente.

Pongámosle otra cosa más, fe.

Estridentes ritmos que colapsan en el cuerpo.
Emociones que se rodean de inconstantes reflejos de falta de control.
Sonrisas que se desvanecen en la obstrucción de la rutina.
Dulces sensaciones de alegría momentanea.
Vida que está permanente, pero que no permanece.
A veces quiero salir de mi mente.
Trato de cuidar mis pensamientos.
Alivio mi sentir con un placebo.
Un placebo incierto.
Lo que escucho es algo que me relaja.
Debo ser el hombre más afortunado, el hombre más feliz.
El hombre del corazón fuerte.
El hombre que quiere vivir cada dia y sentir esa dulce sensación que da vivir.
Despejar la mente, sentir, creer.

Es eso la vida, una fe ciega, una pérdida cruel.
No un sabor amargo.
Un sabor agridulce.

Ansiedad

Sensación de vacío.
Sensación de malestar.
Sensación de falta de conciencia.
Sensación de dolor.
Sensación de enfermedad.
Sensación de inestabilidad.
Sensación de angustia.
Sensación de paranoia.
Sensación de poco descanso.
Sensación de intranquilidad.
Sensación de falta de armonía.
Sensación de sensaciones.

Siento que estoy abrumado, que el cuerpo se me está consumiendo solo, que la calma es momentanea. No quiero estar así, no quiero.

Yo creo que la mente es capaz de ejercer control sobre el cuerpo. Absolutamente creo que todo puede ser controlado por uno mismo y la capacidad de regenerarse depende incluso del mismo ánimo, sin embargo, ¿qué pasa cuando uno siente que está abrumado y no tiene control sobre sí mismo?

La ansiedad y la paranoia son mis peores enemigas. Creo que mi impaciencia también.

Me duelo.

Quiero sentir bien.
Quiero sentirme bien.

Martes

Odias tu vida.

Tratas de levantarte y tratas de escuchar música que te anime para hacer más soportable el tráfico.

Odias, sientes y repites. Todo hace parte del mismo proceso diario.

Te hundes en la miseria de hacer parte de esto, vas a llegar tarde manteniendo la esperanza de llegar temprano.

Odias aún más tener que mostrarte agradecido con algo que no quieres hacer. Es que es muy difícil sentirte motivado con el hecho de tener llena tu cabeza y de pensar toda la noche en la palabra trabajo.

Odias. Repites y haces miles de clics. Intentas satisfacer aún cuando no estás satisfecho. Tus ojos se están nublando y cada vez está peor tu equilibrio.

Todo es la misma rutina. Lees que “en la rebelión se recupera la existencia”, te atreves a tener un punto de luz que te indica sí.

Te falta fuerza, te falta impulso.
Le temes a la vida pasar.

Tratas de acomodarte en tu miserable vida para evitar que te llamen desadaptado o que te declaren como trastornado social.

Miras alrededor y te cuelga la cara, odiando el cansancio con el que tus ojos están.

Bajas del bus, respiras e inflas los cachetes. No bajas, esperas a que alguien pulse el timbre y te evites la acción de repetir.

Miras atrás.

Empiezas a caminar y terminas de tragar el sabor a jabón del enjuague bucal.

Subes a otro bus y te dan ganas de llorar.

Lo único que te ilumina el rato es que la canción que escuchas se llama The Sun. Te calmas otro rato y respiras.

Tus ojos se vuelven a cerrar sólo de saber el día largo que te espera. Una inevitable contienda contigo. No sientes aliento y lo único en que vuelves a pensar es en tu cama, en dormir y en ojalá no tener que pensar en trabajo.

Odias y odias la obligación social. Mantienes un poco de esperanza en que el futuro será mejor.

¿Cuál es ese futuro que ni tú mismo puedes asegurar?

Originalmente esta entrada se llamaría Lunes, pero recordé que hoy es martes.

Escrita el 7 de junio.

Respiro

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Paso y voy recorriendo bajo el sol

Here we are, running circles around…

No hay seguridad de nada, de hecho hace un año estaba en la sensación de desubicación profesional, sentía que había un vacío que llenar y hoy día me encuentro en el lado opuesto. Ya no estoy estático, recorro lugares, conozco gente nueva, pero no permanentes, gente que viene y va, pero más que todo va y sigue, en ese modo se hace interesante el caminar. Deja huella pero no cargues con todo.

He conocido gente que hace bonito el salir de la ciudad, así mismo he extrañado la lluvia y el ver las luces al llegar. Aunque sé que estoy escribiendo por escribir, en un punto es bonito recoger todas esas experiencias y poner aquí todo lo que a diario enfrento sea fácil o complicado. Supongo que uno tiene un diario de cosas, el mio es más que todo mental, hace mucho dejé de lado el estar escribiendo permanentemente, pero cuando hay una oportunidad de relatar en lo que estoy no veo por qué no hacerlo.

De vuelta al punto de estar circulando también hay momentos en los que quiero volver, estar conectado, más cerca, tener más tiempo y evitar extrañar tanto y es eso, tanto; no evitar extrañar, porque de no ser así, para qué volver. Entonces existe un punto en el que es necesaria la relación, el contacto, el tener cerca a quien quiero e imaginar, sentir y volver a vibrar lo que dejo quieto, vivo y existente.

También hay puntos en los que respirar lejos de todo se convierte en ese espacio necesario que a veces no se da al estar en la ciudad. El sentir otro aire, brisa, otro andar, hasta el agua permite respirar solo, no abandonado, no lejos, no sin el cariño, sino simplemente respirar, pensar e interpretar lo que dejan las sensaciones en cada lugar nuevo. Tener la oportunidad de estar conmigo y ver como dejo de lado la costumbre del vestir, de estar despeinado acorde con el pelo (aun redundando) y de hacerme más piel que capa de tela se vuelve un modo de salir de lo tradicional y se siente bien caer por ratos en cosas así, vestir mejor, vestir fresco, no vestir y tener la necesidad de abrigarme y abrigar.

Creo que pierdo el hilo del texto y veo cómo lo que escribo y retrato se convierte en otra pieza más de esto, recuerdos de un gato artista y pequeños fragmentos de cosas que en lo convencional o no hacen de cada letra y cada palabra algo cierto, algo mio.